domingo, 23 de marzo de 2025

AMPLIADO EL PLAZO DE INSCRIPCIÓN

 


Ya puedes inscribirte para participar en la que será la primera peregrinación diocesana a Lourdes como hospitalidad los días 21 a 24 de junio.

Hemos ampliado el plazo de inscripción hasta el próximo 30 DE ABRIL. Para una mejor organización del viaje recomendamos entregarla lo antes posible.

Para recoger la inscripción ponte en contacto con nosotros a través de WhatsApp al teléfono 607 98 91 46, por correo electrónico a hospitalidad.lourdes@diocesisalmeria.es y te indicaremos el lugar más próximo para ti para hacerte con ella. En el mismo lugar donde la recojas has de dejarla una vez rellena.

En el momento de la entrega de la inscripción debes abonar el 50% del pago del viaje, para peregrinos y hospitalarios sería 230€ para habitación doble, 275€ en caso de habitación individual, de lo contrario no podremos dar por formalizada la misma. Y antes del día 15 de mayo abonar el resto del importe pendiente, esto es 225€ en caso de habitación doble y 275€ en caso de habitación individual. Para otra modalidad de viaje ponte en contacto con la organización en el teléfono 607 98 91 46.

El número de cuenta al que has de realizar el pago es: IBAN ES18 0049/0054/55/2112447952 entidad Banco de Santander. Indicando en el concepto: LOURDES y tu NOMBRE y APELLIDOS.

Envíanos el justificante del pago al correo electrónico hospitalidad.lourdes@diocesisalmeria.es.

CÓMO INSCRIBIRTE

En la FICHA DE INSCRIPCIÓN se especifican todos los datos que necesitamos que cumplimentes para poder participar en la misma, ya sea como peregrino o hospitalario. Sea cual sea la modalidad de viaje necesitaremos una fotocopia de tu D.N.I y que dispongas de la Tarjeta Sanitaria Europea. Recomendamos asimismo llevar un informe médico actualizado y la medicación que tomes habitualmente.

Si quieres viajar como ENFERMO facilítanos tus datos para participar en la peregrinación del año 2026 al correo electrónico hospitalidad.lourdes@diocesisalmeria.es y te tendremos en cuenta para el año próximo. Porque las plazas del Accueil (hospital) están cerradas. Pero si tu patología te permite alojarte en el hotel, puedes rellenar la inscripción de peregrino y además necesitaremos un informe médico detallado de tu patología, así como de los requerimientos que precisas: medicinas (tratamiento), si necesitas ayuda para desplazarte, oxigeno, u otras necesidades… Desde la organización de la peregrinación se determinará la viabilidad o no de poder realizar el viaje la persona enferma.

Si quieres participar como HOSPITALARIO marca en la casilla correspondiente qué tipo de actividad quieres realizar: comedor, hospital, ayuda con los enfermos, limpieza, mantenimiento, coro… El programa del viaje como hospitalario dependerá del tipo de servicio que hayas elegido. El hospitalario realizará el trabajo asignado independientemente del horario de la peregrinación.

martes, 18 de marzo de 2025

SANTA BERNARDITA Y SAN JOSÉ




Santa Bernardita, a quien la Virgen se apareció en Lourdes, tenía una especial familiaridad con san José. En el convento donde vivía se refugiaba a menudo en la capilla de san José que había en el jardín.

Un día su superiora la reprendió por rezar frente a la estatua “equivocada”: la de san José, en lugar de la de María. Ella respondió:

“Pero madre, la Santa Virgen y su esposo están perfectamente de acuerdo”.

En otra ocasión le preguntaba si le molestaban las distracciones durante la oración. Ella explicó:

“¡Oh, no! Se las paso a san José y él se hace cargo. No hay ningún problema.

Era muy devota de San José a la que se encomendaba con esta oración: «Dame la gracia de amar a Jesús y a María como quieren ser amados. San José, reza por mí. Enséñame a rezar».

Fuente:https://es.aleteia.org/

lunes, 10 de marzo de 2025

MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

La hermana Bernadette es una religiosa francesa, miembro de la congregación de las franciscanas oblatas del Sagrado Corazón de Jesús, que sufrió una grave enfermedad. En 2008 sufrió una parálisis total de sus miembros inferiores, como consecuencia de una enfermedad de la columna. Su parálisis se consideraba irreversible y necesitaba una silla de ruedas para desplazarse.

En 2008, participó en una peregrinación al Santuario de Lourdes, oró, bebió agua de las fuentes, asistió a ceremonias religiosas y se bañó en las aguas del milagroso manantial. Durante la peregrinación, la hermana Moriau informó haber sentido una repentina sensación de calor en su cuerpo. Al día siguiente, descubrió que podía mover las piernas. Con el paso de los días, su movilidad mejoró. Después de extensos exámenes médicos, los médicos confirmaron que su parálisis se había curado de forma inexplicable. La curación de la hermana Moriau tuvo un importante impacto espiritual y fue considerada un testimonio de fe. Se ha convertidoen un símbolo de esperanza y del poder de la oración para muchos creyentes.

Diez años después, dicha curación fue reconocida como un milagro, el número 70 desde las apariciones marianas de 1858.

Fuente: www.infobae.com

domingo, 9 de marzo de 2025

EL 10 DE ABRIL FINALIZA EL PLAZO DE INSCRIPCIÓN

 


El próximo 10 de abril finaliza el plazo de inscripción para participar en la que será la primera peregrinación diocesana como hospitalidad a Lourdes. 

Si aún te lo estás pensando o necesitas mas información puedes hacerlo a través de watsapp al 607989146, por correo electrónico a hospitalidad.lourdes@diocesisalmeria.es, por facebook a Hospitalidad Diocesana Nuestra Señora de Lourdes de Almería

También puedes informarte en tu parroquia en la que encontrarás unos trípticos informativos.

¡Anímate a participar y a formar parte de esta familia hospitalaria!

lunes, 3 de marzo de 2025

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2025



Caminemos juntos en la esperanza

Queridos hermanos y hermanas:

Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3).

En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.

Antes que nada, caminar. El lema del Jubileo, “Peregrinos de esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos. Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse: ¿cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.

En segundo lugar, hagamos este viaje juntos. La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales . Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.

En esta cuaresma, Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades. Preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos. Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad.

En tercer lugar, recorramos este camino juntos en la esperanza de una promesa. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), mensaje central del Jubileo sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39)». Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha resucitado, y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo.

Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?

Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos protegidos por la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» ( 1 Tm 2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3).

Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, interceda por nosotros y nos acompañe en el camino cuaresmal.

Roma, San Juan de Letrán, 6 de febrero de 2025, memoria de los santos Pablo Miki y compañeros, mártires.