Santa Bernardita, a quien la Virgen se apareció en Lourdes, tenía una especial familiaridad con san José. En el convento donde vivía se refugiaba a menudo en la capilla de san José que había en el jardín.
Un día su superiora la reprendió por rezar frente a la estatua “equivocada”: la de san José, en lugar de la de María. Ella respondió:
“Pero madre, la Santa Virgen y su esposo están perfectamente de acuerdo”.
En otra ocasión le preguntaba si le molestaban las distracciones durante la oración. Ella explicó:
“¡Oh, no! Se las paso a san José y él se hace cargo. No hay ningún problema.
Era muy devota de San José a la que se encomendaba con esta oración: «Dame la gracia de amar a Jesús y a María como quieren ser amados. San José, reza por mí. Enséñame a rezar».
Fuente:https://es.aleteia.org/

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